San Martín y la masonería
La masonería rinde tributo a quien fuera su gran iniciado y recuerda su paso por nuestra Institución.
No es nuestro propósito sumarnos a la polémica, nos interesa sencillamente abordar un tema de carácter histórico, saber si la francmasonería tuvo en su seno a San Martín, libertador de América y demostrar la influencia sostenida y constante, tan grande y en ocasiones decisivas, que tuvo la orden francmasónica en la independencia de América.
En cuanto a las Provincias Unidas del Sur, por haber estimado San Martín que la institución era no solo necesaria, sino el más adecuado medio, el instrumento imprescindible e insustituible para el triunfo en la heroica lucha que se iba a librar en defensa de la libertad americana, una de sus primeras y esenciales preocupaciones fue la de organizar la logia, dirigirla y sostenerla.
Las logias en las Provincias Unidas, en Chile y en Perú fueron el gran organismo de iniciativa y consejo, que guía y regula la obra de sus gobernantes, tanto civiles como militares.
San Martín, consciente de las enormes dificultades que implican la realización de sus empeños, llevando los pueblos a la vida independiente o libre, creyó, desde el primer instante, en la necesidad de contar con la cooperación y ayuda de minorías selectas, espiritual e intelectualmente. En las logias encontró ese eco y fermento revolucionario para su inspiración.
Cuarenta y dos largos años de vida masónica del general José de San Martín y su participación activa en no menos de 18 logias no se perdieron en las tinieblas de los tiempos; vemos ya que en los albores del año 1808 San Martín recibe la luz masónica, iniciándose en el grado de aprendiz en la Logia Integridad Nº 7 de Cádiz. Esta logia tenía carta constitutiva otorgada por la Logia Provincial de los Antiguos y en 1804 figuraba con el Nº 7 en el llamado Gran Oriente Regional de Sevilla, y el 6 de mayo de 1808, San Martín recibe el grado de maestro masón.
Esto ha llegado a nuestro conocimiento por los documentos publicados en España por los enemigos de la masonería española. En 1939, después de la guerra civil, se organizó toda una campaña antimasónica. El enfoque de los antimasones españoles difiere del sustentado por sus pares en la República Argentina. Ellos consideran que todos los libertadores de América fueron traidores a la madre Patria por el hecho de ser masones, y por ello sacaron a relucir el masonismo de los próceres de la emancipación americana, lo que fue publicado por medio de la Editora Nacional, un órgano oficial de la España franquista.
Dos figuras de esta logia habrían de conmover el corazón de San Martín y su recuerdo habría de acompañarlo durante toda su vida, la primera de su primer Venerable Maestro, tanto por su brillante personalidad cuanto por el hecho de haber sido San Martín su edecán al momento de su trágica muerte.
Se trata del general Francisco María Solano, marqués del Socorro, Capitán General de Andalucía y Gobernador Civil y Militar de Cádiz, Venerable Maestro en su logia Integridad Nro. 7, maestro en el arte de la guerra, aventajado discípulo de las tácticas francesas aprendidas a través del general francés Maureau.
San Martín guardó toda su vida un indeleble recuerdo por la memoria de su primer Venerable Maestro, el general Solano, al punto de llevar constantemente en su billetera hasta la hora de su muerte, un grabado en acero en forma de medallón. En su orla había sombreado el mismo una faja de luto y en el papel que lo envolvía estaba escrito su nombre en gruesos caracteres.
Al respecto así escribía el hijo político del general San Martín, el general Balcarce, al general Mitre: “También envío a Ud. el retrato del desgraciado General Solano, el mismo que su padre político llevaba en su cartera como recuerdo de aquel amigo a cuyas órdenes sirvió como Edecán y cuyo fin no pudo evitar a pesar de los esfuerzos.

“Labor omnia vincit”, um lema para inspirar a perseverança e a determinação, enfatizando que o trabalho árduo e a dedicação superam quaisquer obstáculos.
MM (GLEMS), Inspetor Geral da Ordem (REAA), Servidor da Pátria e da Humanidade (Rito Brasileiro), MR e ME (Rito York).
O grau não faz o homem; o homem é que deve fazer-se digno do grau.
Um avental bordado, uma joia reluzente ou um título pomposo nada significam se não estiverem apoiados sobre a solidez do caráter.
No fim, a única elevação que realmente importa é a da nossa própria alma.











